Los escritores Manuel Vilas y Juan Bolea, invitados de honor en la entrega de premios del IV Concurso de Microrrelatos Silos-Aragón Negro, celebrada en el Colegio Santo Domingo de Silos.

Los escritores Manuel Vilas y Juan Bolea, invitados de honor en la entrega de premios del IV Concurso de Microrrelatos Silos-Aragón Negro, celebrada en el Colegio Santo Domingo de Silos.

Jesús Bernard y Silvia Luna, alumnos galardonados con el segundo y tercer premio del IV Concurso de Microrrelatos Silos-Aragón Negro.

Los estudiantes de Secundaria de La Milagrosa reconocidos como ganadores y finalistas del IV Concurso de Microrrelatos Silos-Aragón Negro, junto a Manuel Vilas uno de los escritores, durante la ceremonia de entrega de premios.
El colegio La Milagrosa celebra el talento de cinco de sus estudiantes de Secundaria, finalistas del IV concurso de microrrelatos Silos-Aragón Negro. La ceremonia de entrega de premios tuvo lugar el miércoles 27 de mayo en el Colegio de Santo Domingo de Silos, con los escritores Manuel Vilas y Juan Bolea como invitados estrella.
Dos de los alumnos fueron premiados en categoría de 3.º y 4.º de ESO: Jesús Bernad se alzó con el segundo puesto y Silvia Luna con el tercero. Los otros tres estudiantes también fueron reconocidos como finalistas por su calidad narrativa.
Esta actividad se ha realizado en clase de Lengua y literatura, con la ayuda de su profesora. Allí han profundizado en los microrrelatos y la novela negra.
Participar en este concurso ha sido una experiencia muy bonita y enriquecedora para todos ellos.
JESÚS BERNAD PRADES 4ºESO
LUCES Y SOMBRAS
Cuando el coche se paró, supe que pasaría la noche allí. El campo estaba a oscuras, como si una gran sábana negra lo hubiera cubierto todo. No se escuchaba nada: era un silencio perturbador. Avancé buscando ayuda. A lo lejos distinguí dos sombras que se movían. Me acerqué sin dudar, pero algo fallaba. Cuanto más me acercaba, más se desdibujaban, como en un mal sueño.
Empecé a correr hacia ellas, pero cada paso las alejaba más. Hasta que, de repente, me paré en seco. Sentí que ya no controlaba mi cuerpo: ellas lo hacían. Las sombras se acercaron lentamente… y entonces vi sus rostros: eran idénticos al mío. Sonrieron y, al unísono, susurraron: —Siempre fuiste una sombra más. Ahora vuelves a casa.
SILVIA LUNA SEBASTIÁN 4ºESO.
LA BAÑERA
El agua seguía corriendo; los espejos del baño seguían empañados. No podía ver nada, no era consciente de lo que sucedía a mi alrededor. Sentía mi cuerpo tambalearse y unos escalofríos me recorrían. Caí en la bañera. Me ahogaba. Sentí que mi corazón podía dejar de latir en cualquier momento. —¿De verdad esto estaba pasando o solo era una pesadilla?
Me desperté en la cama. El pelo y el cuerpo estaban empapados de sudor. Todo seguía igual. —¿Había sido un sueño? Era muy real. Me levanté, fui al baño, me remojé la cara. Al mirar al espejo, la bañera estaba llena de agua… y dentro, flotaba mi propio cuerpo boca abajo. Grité, pero el reflejo sonrió y susurró: —Todavía no has despertado.
ELISA GISBERT MESA 3ºESO.
A CINCO METROS
No quería irse a dormir porque sabía que lo vería. A pesar de sus irrepetibles deseos, se acostó y apagó la luz. No habían pasado ni veinte minutos cuando su respiración se desvaneció: abrió los ojos y fijó la mirada en la sombra que permanecía a menos de cinco metros de la cama. Alcanzó con torpeza el interruptor de la lámpara y lo accionó. Vio la puerta vacía. Recuperó la compostura e intentó calmarse. Apagó la luz. La sombra se había movido. Estaba cerca. Sintió una brisa en el cuello que hacía temblar su cuerpo. Arrinconada por esa figura que giraba la cabeza de forma aterradora, se convenció de que era un sueño. Cerró los ojos con fuerza y ahogó un grito al sentir la sombra a su lado, susurrándole: —¿Te parezco real?
JULIA ECHEVERRIA GRACIA 3ºESO.
LA HABITACIÓN
Cuando Hugo llegó a casa, sintió un ambiente poco común, como si las paredes le robaran el aire. La casa se hacía más estrecha a cada paso. Llegó la hora de dormir; se acostó, aunque él no lo sintió igual. Al conciliar el sueño, un ruido fuerte lo despertó. No quiso moverse. La cama se hacía más pequeña; la manta empezó a apretarle. Agarró las almohadas y se las puso en la cara. Los susurros crecían. Las almohadas lo ahogaban. Abrió los ojos, pero estaba en un lugar oscuro, frío, que no reconocía. Entonces vio su propio cuerpo en la cama, inmóvil. Alguien susurró detrás de él: —Siempre has estado aquí. Las paredes son tus pulmones. Y la casa… traga.
DANNY ALESSANDRO CISNES ORTIZ 1ºESO.
LA SOMBRA EN AGONÍA.
El conserje apagó las luces, cerró la puerta del colegio y echó la llave, pero algo andaba mal. De repente surgió una tensión que nunca había sentido. Entonces una intensa brisa de viento apareció y azotó la puerta, abriéndola con una fuerza inmensa y rompiéndola. Los pedazos de madera volaron, y uno se incrustó en sus lentes; por suerte, solo le rozó el ojo sin lastimarlo. Pero entonces apareció una sombra: tenía ojos humanos y un cuerpo retorcido. Empezó a hablar: —Es tu culpa, tú me abandonaste. El conserje recordó: fue bombero y en un caso crucial falló al no salvar a un niño atrapado en un edificio. La gente escuchaba sus gritos de dolor y agonía. Ahora el alma del niño le susurró: —Vengo por nuestro último juego.